
Va pasando pues el tiempo, y se presenta sin avisar en forma de día tranquilo, con espacios más grandes, incluso se para de vez en cuando dejándote mirar alrededor. Ves lo que no veías porque antes todo iba demasiado rápido, conduciendo un tren descarrilado y sin mirar por la ventanilla. Ahora tus ojos se detienen, y aunque en ocasiones te traigan lágrimas también te regalan decenas de cosas que habías olvidado y un puñado de paisajes y personas nuevas para descubrir.
Sigue el tiempo pasando, a su aire, y empieza el momento de cogerlo con tus propias manos alguna vez. Eres tú quien maneja el tiempo y el tempo, al principio solo unas horas en contadas ocasiones. Vas dándole forma, acomodándolo, a poquitos, te deja asomarte y saltar para ver durante unos segundos qué puede haber por delante.