Aveces la tristeza invade de tal forma nuestro alma, que nuestros ojos se llenan de un liquido raro, y sin poderlo controlar, eso se derrama. Gritamos, lloramos, pataleamos, pensando que existe alguna remota solucion, cuando en verdad, no  la hay, nisiquiera en un universo paralelo. Ahí es donde nos damos cuenta, que las soluciones permanentes no existen. Cuando algo se quebró, ya se quebró, no puede arreglarse, solo parcharse, cuando ese parche se rompe, podemos poner otro, y así infinitamente, hasta que se rompa entero, se quiebre, se muera.