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Parece que es tiempo de silencio. Días de dejar de hacer mi ruido habitual y optar por escuchar los sonidos que nacen de la calma, de la mirada serena, de la emoción serena. Momento para escuchar a otros, sólo escuchar y no decir nada. Días en los que no pasa nada, en los que no paso nada y me va llegando, como un susurro lejano, todo lo que me tengo que decir. Como si estuviera sentado frente al mar intentando descifrar el sonido de las olas. Es imposible entenderlo, pero al levantarte y sacudirte la arena te sientes mejor.
Días sin velocidad, días raros. A veces me gustan, otras me extraño. Dentro y fuera de casa me comporto como si llevara encima la medida de las cosas. Sin estridencias, sin vaivenes, sin picos a los que subo para despúes bajar rodando. Como si alguien caminara delante mío y me fuera apartando de esas cosas que me hacen vibrar o temblar. Sé que no hay nadie dando pasos antes que yo, y me siento bien. Son mis propios pasos.
Como si estuviera sentado en una silla de viejo en la puerta de la casa, en esta Sevilla que quema, que abrasa, que pesa tanto y tanto en los dias de calor y en las noches imposibles y tan largas. Noches de sacar los pensamientos a deambular, desordenados, cansados y sin poder soñar. Noches en las que te sobra el cuerpo y te mojas la cara una decena de veces. En el espejo, cansino, con la mirada inofensiva, casi tierna. Los balcones con señores en pijama y a pecho descubierto mirando nada. La ciudad se despeja entre quienes se refugian y quienes han ido a buscar el mar. Yo me he quedado en Sevilla, como casi siempre, deseando que lo que vivo y creo me hiciera ser como Antonio Vega. No tengo todavía sitio de mi recreo, aunque creo que me voy acercando a ese lugar donde vive el olvido. Allí dejaré la más hermosa caja de recuerdos, los convertiré en poesía y entonces mandaré yo. Serán letras con las que jugar a escribir. Como ahora, como este juego que escribo en este instante mientras se me cierran los ojos, despacito, buscando un final que no diga lo que quiero. Entonces, como no soy Antonio Vega, como no tengo que colgar guitarra alguna, apago. Mañana será otro día, y seguramente también haga mucho calor.